Fascismo en el siglo veintitantos

Es curioso pararse a leer hoy este texto:

»Y, por último, el Estado liberal vino a depararnos la esclavitud económica, porque a los obreros, con trágico sarcasmo, se les decía: «Sois libres de trabajar lo que queráis; nadie puede compeleros a que aceptéis unas u otras condiciones; ahora bien: como nosotros somos los ricos, os ofrecemos las condiciones que nos parecen; vosotros, ciudadanos libres, si no queréis, no estáis obligados a aceptarlas; pero vosotros, ciudadanos pobres, si no aceptáis las condiciones que nosotros os impongamos, moriréis de hambre, rodeados de la máxima dignidad liberal». Y así veríais cómo en los países donde se ha llegado a tener Parlamentos más brillantes e instituciones democráticas más finas, no teníais más que separamos unos cientos de metros de los barrios lujosos para encontramos con tugurios infectos donde vivían hacinados los obreros y sus familias, en un límite de decoro casi infrahumano. Y os encontraríais trabajadores de los campos que de sol a sol se doblaban sobre la tierra, abrasadas las costillas, y que ganaban en todo el año, gracias al libre juego de la economía liberal, setenta u ochenta jornales de tres pesetas.

»Por eso tuvo que nacer, y fue justo su nacimiento (nosotros no recatamos ninguna verdad), el socialismo. Los obreros tuvieron que defenderse contra aquel sistema, que sólo les daba promesas de derechos, pero no se cuidaba de proporcionarles una vida justa.

Seguramente, has imaginado a Pablo Iglesias, con su voz chillona, gritando cada palabra, cada consigna con gesto afectado. Pues, si es así, estás equivocado. Lo que has leído es parte del discurso de Jose Antonio Primo de Rivera el 29 de octubre de 1933, presentando los puntos fundamentales de la Falange.

Y es que el fascismo no es lo que algunos medios se afanen en hacernos creer. Fascismo no es un insulto fácil que significa «tú piensas distinto que yo, ergo eres un fascista». En eso están degenerando la palabra fascismo las hordas de milenials blanditos y ofendidos, capaces de cualquier cosas siempre que no cueste trabajo.

El fascismo es puro populismo, son soluciones facilonas a problemas que la mayoría de la gente no llega a entender. Es autoritarismo y militarismo. «El poder nace de la boca de los fusiles«, decía Pablo Iglesias en 2013, citando a Mao Tse Tung. «El enemigo solo entiende el lenguaje de la fuerza» también decía el coletas, porque el fascismo es fundamentalmente violencia.

Otra característica del fascismo es el control absoluto de los medios de comunicación. Ya en 2013, el líder fascista de Podemos decía sin cortarse «Si el gobierno depende de ti, tú tienes que exigir un mínimo de horas [de televisión]», al igual que exigía «dame a mi los telediarios«. Y es que la libertad de expresión y opinión es algo que el fascismo combate rabiosamente, porque es su principal punto débil. El proyecto de dictadorzuelo también declaró «Los medios de comunicación tienen que tener control público«.

El mugriento rey de las mordazas, como se descubre a poco que se rasque, es un entusiasta de la violencia, y su partido tiene la disciplina interna de una milicia de los años 30. Sólo hay que ver cuánto dura un disidente sin ser expulsado. Declaraba Iglesias Supongo que muchos de vosotros sabréis perfectamente fabricar cócteles Molotov, de los que incendian y explotan, sabréis hacer barricadas, que hay que correr en dirección prohibida de la Policía”. También se deleitaba arengando a las armas a sus seguidores de vez en cuando aquí, en vez de dedicaros a beber, os estaréis entrenando porque se avecina una crisis terminal del capitalismo y tendremos que estar preparados para tomar las armas“.

Por eso, no deja de ser divertido que se proclame antifascista, pero tampoco es ninguna sorpresa. Una cita falsamente atribuida a Churchill, pero que se ha demostrado totalmente cierta es que «Los fascistas del futuro se llamarán a sí mismos antifascistas».

Y el fascismo, en toda su expresión, es Podemos.

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